Patrick’s Parabox: Empuja fuera de la caja

No sé si echabais de menos mis reseñas de juegos que voy jugando, aunque parezca que no, sigo vivo y he jugado a unos pocos más en este 2026. El primero de todos fue Patrick’s Parabox, aunque realmente no fue el primero que terminé, ya que sus exigentes rompecabezas hicieron que me lo tomara con calma y merece la pena hacerlo así.

Minimalismo visual requerido

Lo primero que llama la atención de Patrick’s Parabox es su sencillez visual y eso tiene una razón de ser: El concepto detrás de sus rompecabezas es suficientemente complejo como para necesitar facilitar al jugador el entendimiento de todo el nivel de un solo vistazo. En este aspecto se agradece la cara que lleva la caja-personaje, ya que esta puede cambiar en algunos puzzles entre cajitas y sería muy complicado estar al tanto de esto.

Ojo, que lo primero que uno vea de un juego de este estilo por la sencillez visual necesaria es solo un aperitivo de la complejidad que le depara al jugador. Aquí hay una necesidad clara de usar colores planos y distintos en las cajas, animaciones muy claras y dejar el detalle de lado. Hay decisiones muy buenas: su paleta es agradable y las cajas se dividen entre las que son simples cuadros y las formas con contornos con biseles que son los límites de lo que se puede o no empujar.

Un sokoban que va más allá de pensar fuera de la caja

Y toda esta simplicidad visual y claridad nos lleva a hablar de por qué es tan necesario en este caso. Y es que Patrick’s Parabox hace algo más allá de pensar fuera de la caja en un subgénero que aunque sea de nicho cuenta con miles de representantes en todas las plataformas de juego. No solo se empujan cajas de un lugar a otro para abrir caminos o llevarlas a los lugares indicados, algunas de ellas pueden ser subniveles, pudiendo entrar en ellas, meter cajas o sacarlas, meter cajas con subniveles, e incluso, cuando ya parece que poco más se puede aportar, cajas que se convierten en el jugador.

patricks parabox 2

Esta variedad de acciones posibles por la simple inclusión de meter una parte del nivel en una caja es lo que abre la puerta a los rompecabezas más divertidos, variados e intrincados. La posibilidad de mover cajas y entrar en ellas y meter en ellas otras en las que también puedes entrar hace que los niveles adquieran muchas más capas de profundidad, de forma literal. De hecho llega un punto en el que el juego es tan consciente de ello que te anima a usar los “bugs” de infinito, y es que poner una caja que autocontiene el nivel en el borde con salida y empujarla fuera provoca paradojas muy locas.

Los últimos niveles extra realmente valen la pena, poniendo a prueba todos estos conceptos, a veces hasta mezclados en algunos rompecabezas que puedes tardar días en terminar de resolver. Y es que Patrick’s Parabox no trata de dulcificar de ninguna manera su experiencia, de hecho busca siempre cómo ir más allá con sus 350 niveles.

Jugar fuera de la caja

Una recomendación personal que es además lo que me ayudó a disfrutar muchísimo de esta experiencia tan enrevesada fue jugarlo de forma dosificada. Si lo fuerzas es muy fácil saturarse y aunque es bueno mantener cierto ritmo porque en cada mundo se añade alguna novedad a la jugabilidad, te deja el cerebro frito. Mi recomendación es jugar uno o dos niveles al día cuando estos empiezan a volverse especialmente complejos. «Para mí fue muy cómodo en Steam Deck, que se presta perfectamente a ese tipo de partida corta antes de dormir. Además, seguro que luego consultas con la almohada alguna idea que tu inconsciente te regalará en sueños.

Si te lo tomas como algo pausado, como un rompecabezas que forme parte de tu día a día disfrutarás mucho, muchísimo los retos que te ofrece. Es curioso cómo el jugarlo poco sea otra paradoja más de un juego que hace de las paradojas espaciales su marca.