Marty Supreme, de todo menos Ping Pong
La 3ª película de 2026 fue Marty Supreme, una de las que más ruido hizo y con razón. Se trata de un tour de force de casi tres horas que presenta al protagonista más narcisista que uno pueda encontrarse (bueno, con el permiso de los tecnooligarcas) y genera alrededor de él, o de su ego, una serie de catástrofes provocadas por él mismo. Todo ello mientras escapa de cualquier censura a la hora de practicar su particular humor socarrón.
Índice
Las reglas son para romperlas
Desde el primer minuto sabemos que esta no va a ser una película sobre el clásico héroe de a pie que consigue el éxito y la fama con su deporte. La película decide mostrar primero al protagonista de la forma más honesta posible, engañando, practicando sexo sin protección y mintiendo sobre una marcha atrás que nos lleva a unos títulos de crédito que, por fin son tan honestos como la película y muestran cómo funciona esto de la reproducción de los mamíferos, específicamente de los humanos.
Que un óvulo recién fecundado se transforme en una pelota de ping pong ya es el giro definitivo para que el espectador esté atento a este partido, pero no al que se juega sobre la mesa. Estamos ante una historia de egos hinchados por encima de sus propias posibilidades y no solo hablo del de Marty, su madre, su amante, su patrocinador, todos ellos son víctimas de sus propias ambiciones y todos ellos caen en las redes del engaño del deslenguado Marty Bauer, incluido él mismo, pero a eso se llega más tarde.
En una demostración de gracia, de descaro y de habilidad, Marty se enfrenta al gran campeón anterior jugueteando durante uno de los sets, saliendo de la zona de juego, saltando y, en general, pavoneándose. Es algo que hace tanto ante la mujer a la que trata de seducir como hacia su marido en quien ve una oportunidad económica. Pero en la vida tampoco hay reglas y la vuelta al juego de forma oficial de los competidores japoneses se lleva por delante una parte del gran plan.
Sin pelos en la lengua
La personalidad arrolladora de Marty, interpretado magistralmente por un Tymothee Chalamet en estado de gracia, consigue que en la misma escena que te cae antipático le estés animando. Su humor no parece tener límites, aprovechando su condición de judío para realizar algunos de los comentarios más endiabladamente divertidos que hayan salido de un libreto de Hollywood. No solo eso, se permite en ocasiones frivolizar con ciertos aspectos del holocausto de la manera que solo un superviviente se podría permitir hacerlo.
Hay una larga tradición del humor judío que usa la autoironía y hasta la tragedia propia como mecanismo de supervivencia y de crítica. Desde los Catskills hasta Larry David, pasando por Woody Allen. Marty opera dentro de esa tradición, y lo que hace la película es llevarlo al extremo: si el humor judío históricamente ha servido para procesar el dolor desde dentro, Marty lo usa como arma ofensiva, como provocación y como forma de ubicarse ante el oponente descolocándolo y obligándole a no poder seguir en la conversación de la misma manera.

Esta lengua tan vivaz que no conoce fronteras es el motor de la toda la película. Es la razón por la que su guión es un auténtico portento que entiende que son los personajes los que deben ser causa de las acciones en pantalla y, en ocasiones, solución a las situaciones provocadas. Sin embargo, aquí estamos jugando, si podemos pasar del milagro de la vida de forma inmediata a un partido, también podemos ver como un encuentro fortuito puede terminar con brazos rotos, puñaladas, falsas acusaciones, la lista es larga y es que…
Al ritmo de un partido de Ping Pong
Vale, vamos a pasar página rápido de este tema: sí, estoy recurriendo a parte de la temática de la película para hablar de un aspecto técnico y creativo de la misma. Parecería que es lo que uno debe esperar de inmediato en un proyecto que se presume como una especie de falso biopic de un deportista, pero nada más lejos de la realidad. Aquí el juego de la pequeña pelota que salta encima de la mesa y pasa de una paleta aporta un fantástico y a veces delirante contexto, pero en ningún momento es el pilar central.
Aquí todo gira entorno a Marty y como sus jugadas se encuentran con una mano más hábil al frente que le hace sudar y que parece derrotarlo en más de una ocasión. Una especie de efecto boomerang: cada jugada de Marty vuelve con más fuerza de donde vino. Sus consecuencias son el único rival que no parece superar. Cada golpe de efecto de nuestro narcisista protagonista vuelve, a veces de forma inmediata e inesperada, con tanta o más fuerza.
Esto la convierte en una película con un ritmo endiablado que incluso en el más que esperable momento de descenso a los infiernos de su protagonista siga siendo un golpe imparable tras otro, aunque estos solo vengan del castigo a veces ejemplar, a veces excesivo al que se va sometiendo a Marty.

Una comedia sin filtros
Ya no es sorpresa que lo diga en este punto, pero en realidad, la capacidad de este filme de transformar su material en comedia es increíble. Hasta la escena más dura con el mayor golpe físico o moral, se convierte en una sátira. Da igual que el afectado sea alguien inocente que pasaba por ahí o una de las amistades (y victimas) directas de Marty, los diálogos punzantes y lo patético de la situación consiguen que se esté más cerca de una cínica y malévola carcajada que de una lágrima compungida.
Esto es especialmente complejo de conseguir teniendo en cuenta que el tono general, aunque lo protagonicen granujas, es sucio, es realista, es el de una historia que pretende aparentar cierta verosimilitud. Puede que sea la falta de filtros la que ayude a conseguir mejor su efecto y a mantenerlo cuando lo que ocurre es más próximo a un drama.

La falta de filtros es en este caso su mayor baza, ya que demuestra un control absoluto de las escenas. El ritmo endiablado ayuda, generando una cierta sensación de saturación que hace que cada nueva desgracia parezca poca cosa, porque la siguiente será mayor. Te acostumbra a coger distancia desde el primer momento, mientras consigue escandalizarte una vez más.
Marty Supreme no es lo que te esperas…
…y eso es lo que la convierte en una propuesta muy especial. Eso sí, espero que no pase como con Walter White y se vea al deslenguado y desastroso Marty como un héroe. Porque aunque en el final se da a entender que tras todas las (merecidas) humillaciones se ha redimido, no deja de ser el culpable de todos los males que le ocurren en su último tramo.