Border, cine en las fronteras
Border es una de esas películas que uno descubre al curiosear sobre un director que destaca por proyectos arriesgados y una narrativa empujada por los personajes más que por los sucesos. Algo que se ve con claridad en The Apprentice, aunque no tanto en su película más laureada hasta la fecha, Holy Spider. En ese sentido, Border me ha parecido especialmente singular: probablemente sea su proyecto más personal y, por eso mismo, el más complejo.
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Una constante lucha contra las expectativas
Lo primero que llama la atención de Border es la elección de su protagonista. Encontrarse con personajes de apariencia poco convencional es cada vez más habitual en el cine europeo, pero aquí este aspecto va mucho más allá de la representación: es desde el físico desde donde se construye la narrativa e incluso la ambientación. La película linda constantemente con el body horror, con alguna de las escenas más explícitas que uno pudiera esperar.

Es cierto que algunos podrán sentir un gran rechazo cuando se encuentren con los momentos más extraños y escabrosos, por ello recomiendo tragar saliva y avanzar, vale la pena. Y es que lejos de engañar al espectador, Border se reafirma sobre ese sustento para obligarle no solo a aceptarlo, sino a naturalizarlo. Nos habitúa a una nueva realidad y trabaja desde ella, saltando con soltura entre géneros: el romance, el drama social, el thriller.
Toda esta amalgama de tonos y sensaciones, siempre bajo un ambiente sombrío y algo alienante, convierte el filme en una experiencia de vida en el sentido más literal. Estamos ante un slice of life peculiar en el que lo extraño y el terror físico se transforman en la nueva normalidad del espectador que acepte las reglas de una realidad paralela, perfectamente construida y profundamente incómoda.
Ser diferente, ser igual
Mientras Abbasi juguetea con la otredad para despistar y dar otro giro a un guión tan sencillo como sorprendente, va construyendo, si uno está abierto de mente, un discurso más hondo: el del odio y la aceptación hacia el distinto.
Nuestra protagonista, Tina, se lleva bien con sus vecinos. Sus compañeros de trabajo no la tratan de forma diferente. Solo quienes la conocen por primera vez reparan en su semblante extraño, aunque rápidamente valoran sus capacidades y su innata tranquilidad, que es también lo que parece insuflar el ritmo a la propia película. Tina se sorprende tanto como el espectador ante todas las novedades que irrumpen en su vida, y una vez la conocemos, empatizar con ella es inevitable.

A pesar de los grandes cambios que atraviesa la protagonista, su férrea ética la hace aún más cercana y valiosa. Nos representa, porque a pesar de sus diferencias comparte lo que creemos esencial: que la moralidad no debe cambiar por pertenecer a un grupo minoritario, y que el respeto por la vida de todos los seres es lo primero.
Cruzando los límites de la realidad
Abbasi es un director muy capaz a la hora de generar ambientes densos e inquietantes y poblarlos de personajes que cruzan constantemente los límites de la moralidad. Que terminara por hacer el retrato más certero de la poca humanidad de Trump en The Apprentice es la otra cara de la misma moneda que vemos aquí: un relato con toques de fantasía donde sus personajes habitan permanentemente en los márgenes.
Y es que es el enigmático Vore quien descubre a Tina su propia realidad y quien probablemente le regala los días más libres y felices de su vida. Pero también es quien cruza todos los límites, tanto de la fantasía como de la ética. Su visión resulta cínica y violenta, la de alguien que ha convertido el agravio en ideología. Esa visión choca de frente con la de Tina, que no se deja amedrentar ni siquiera por sus propios agravios, los conocidos y los recién descubiertos.

Border: cine en las fronteras
No es casualidad que el trabajo de la protagonista sea en aduanas. Toda su trama gira alrededor de las fronteras: la frontera entre el drama social y la fantasía, entre la legalidad y la moralidad, entre dos mundos que parecen chocar sin cesar. Y Tina está ahí, vigilante, usando mucho más que su extraordinario olfato para proteger lo que pertenece a su mundo, aunque ese mundo no sea el que le correspondería por naturaleza.
Abbasi junto al guionista John Ajvide Lindqvist —autor también de la novela original— se mueven con soltura en estos márgenes. Los cruzan constantemente para convertir un filme de ritmo tranquilo y tintes de slice of life en drama social, historia de fantasía, thriller sobre lo más oscuro que esconde la mente humana —y la no tan humana— y una reflexión sobre el trato a quienes son distintos. Es, en definitiva, cine en las fronteras: siempre al límite de lo que uno espera, sorteándolo con la naturalidad de quien no teme mirar más allá del muro.