Rondallas, confirmando que las mejores feel good movies son colectivas
Rondallas me ha encantado, me ha emocionado y me ha dejado con una sensación de alegría que pocas obras culturales me han dejado a este nivel. ¿Por qué empiezo por este aspecto? Porque voy a aprovechar esta reseña para hablar un poco de porqué los formalismos me la sudan, hay mucho más allá de un producto cultural y de una obra de arte que sus aspectos técnicos, es más, es mejor cuando los sobrepasa. ¿Lo consigue Rondallas? Ya os digo que sí, y de que manera.
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No es una película coral, es una película colectiva
Hay muchas veces que se confunden conceptos y con las historias corales. Que haya muchos personajes interrelacionados no la convierte en coral, de hecho lo habitual es que ese tipo de narrativas tenga historias que se cruzan de forma muy puntual. En Rondallas el guion tiene sus claros protagonistas, en plural, porque son más de lo que parece, porque es todo un colectivo, es una familia, es un amigo que quiere formar parte de ella, es un amor sin empezar, es un pescador profundamente deprimido y con problemas de alcoholismo, es todo este conjunto.
Y esto es todo un reto, es algo que hay que saber valorar, porque dar suficiente tiempo y peso a cada historia, conseguir que todos estos personajes que se crean desde lugares comunes, pero que crecen más allá de sus tropos, es muy complejo. Es algo que solo es posible desde el entendimiento del colectivo, de las interrelaciones como personajes que se forman sobre estos y de los procesos que hay detrás de la existencia de lutos compartidos que van más allá de los lazos familiares y afinidades de amistad, hablamos de sororidad, comunidad, alianza y cooperación.
Para todo ello, el guion recurre a un truco que nunca falla y que le permite unir a la comunidad aún más que con la simple convivencia, con un drama común. Este drama del que trata de escapar uno de sus responsables, buscando que los demás puedan superarlo, con un sacrificio ejemplar y creciente que ayuda al resto de personajes a crecer, a todos ellos. La escritura es redonda porque tiene que conseguir todo esto con muy poco y así lo hace sin despeinarse.

“Como suena ese pfff”
Esta frase no es un destripe, es un ejemplo de algo que cualquiera podría vivir y decir en un contexto íntimo real, es una de esas pequeñas muestras de cierta genialidad que el texto Daniel Sánchez Arévalo consigue sacar en muchas de sus obras, siendo esta la más creíble de todas. Esa expresión, una de tantas, que aparecen de la nada, de un mundo improvisado llamado realidad.
No hay escena o personaje que suene forzado a pesar de ciertos giros y alivios cómicos que se fundamentan en alguna de las conversaciones más graciosas que ha dado nuestro cine. Rondallas sorprende porque es universal en sus temas y está perfectamente anclado en los localismos, con una de las mejores representaciones de lo que supone la retranca gallega que se hayan realizado. Algo que me parece sorprendente de un guionista y director madrileño con vinculación a Cantabria.
Superando los formalismos
Rondallas no va a resultar un hito en el cine español en sus aspectos formales, no va a ir a por Oscars por querer jugar a otro nivel en espacios sonoros (lo único destacable realmente de Sirat), ni va a pasar a la historia por una visión única y distinta del propio cine. Pero esto es una de sus grandes ventajas, porque apuesta todo a ser apasionada y apasionante, a celebrar la vida de sus personajes y hacernos cercanos a ellos. Rondallas apuesta todo a ser honestamente transparente en sus intenciones y en su estructura. Es una feel good movie, es una película sobre un grupo que tiene que unirse y superar sus problemas para llegar (o no) a lo más alto. No es nuevo, pero sigue siendo refrescante, sigue siendo una experiencia que toca el corazón y sigue siendo una muy buena obra audiovisual por su capacidad de emocionar.
Y es que el arte es comunicación y conseguir comunicar algo ya es un pequeño hito. Conseguir encima comunicar un sentimiento o una sensación, eso es algo fabuloso y una mala obra no lo consigue. Una mala obra no emociona, no comunica y es también un desastre en lo formal y en lo técnico, una obra no puede ni debe valorarse de forma supuestamente objetiva, puesto que es imposible. Las vivencias de cada persona cambian por completo lo que vemos en una obra, la experiencia previa también, el contexto y los conocimientos, todo influye y Rondallas supera esos formalismos siendo una película para sentirse bien, para tratar ciertos dramas de forma más ligera pero intachable.
Rondallas es…
Rondallas es una de las mejores películas que se han hecho para sentirse bien, es un alegato magnífico a la vida en comunidad a la convivencia y a la naturaleza social del ser humano. Es, y ahora soy yo el que va a tirar de un gran tópico, un canto a la vida, pero es más que ello porque consigue ser mucho más que la suma de sus partes: de todos sus personajes, de su vis cómica (increíble aquí Tamar Novas), de su drama y de su naturalidad.
